La IA generativa y la escritura académica

La inteligencia artificial generativa (Gen-AI) llega como una ola sacudiendo los hábitos y costumbres de la educación superior y la investigación (ChatGPT, Copilot, Gemini, Mistral, Perplexity, DeepSeek, etc.). Entre el engaño comprobado y el uso razonado, el equilibrio es difícil de encontrar.

Un estudio reciente en Francia muestra que el 86% de los jóvenes de 18 a 25 años lo utilizan regularmente, incluidos, por supuesto, los estudiantes y los estudiantes de doctorado. Presumiblemente, en otros países, las cifras deben ser similares. ¿Qué se puede hacer?

Desde un punto de vista ético, pedirle a una IA que escriba un texto completo en lugar de un estudiante es un fraude que debe ser sancionado. Ya se han creado herramientas de detección de IA (Scribbr, Decopy, etc.) pero estos dan resultados ambiguos, sobre todo porque se han inventado humanizadores (Quilbot, Humanizer, Zerogpt, etc.) para eludir su caracterización.
Ya en la actualidad, organizaciones como la UNESCO han publicado compendios de buenas prácticas, y las universidades han comenzado a redactar códigos de conducta.

Durante mucho tiempo, ha sido una práctica común pedir a los estudiantes que escriban informes. ¿Pero, cómo podemos juzgar si el autor del contenido es el propio alumno o una inteligencia externa? Ante esta problemática, algunas facultades han decidido basarse únicamente en exámenes orales; A partir de entonces, el profesor tendrá que hacer que todos los alumnos respondan a las preguntas orales y ya no sólo a las escritas correctas; En consecuencia, habrá que revisar las horas de trabajo de los docentes y ser más cautelosos los evaluadores. Además, los efectos en los artículos de las revistas científicas serán, sin duda, inconmensurables.

Dejemos claro que pedir pequeñas tareas como reformular un párrafo, buscar la definición de un concepto, traducir un pequeño pasaje de un idioma a otro, p

arece aceptable, pero no es lo mismo que tener un texto completo escrito. Las reglas a seguir son, por supuesto, la integridad científica del autor y las relativas a los derechos de autor.
Organizaciones como la APA han dado pautas para hacer referencia a la ayuda de IA. ¡Queda por ver si se respetan! Suponiendo que el uso del IAG está autorizado y mencionado explícitamente por su institución, escribiríamos, por ejemplo, con la Norma APA (7ª ed.):

Mensaje de texto
En bibliografía: OpenAI (2024). Chat GPT 3.5. https://chat.openai.com
En una nota a pie de página: “Cuando la solicitud se somete a la perplejidad”… La respuesta generada es… (Perplexity, 2024)
Imagen
La imagen debe estar subtitulada y se debe especificar la consulta utilizada para generarla. Ejemplo: OpenAI (2023). DALL-E (versión 2).

A modo de ilustración, se puede hacer referencia a la imagen anterior de la siguiente manera:
DeepAI (2025) Imagen generada con el mensaje “haz una imagen con un estudiante caminando sobre una línea de cresta de una montaña, con brazos horizontales como un equilibrista”. https://deepai.org/

Por último, mencionemos los sitios Thesify y Mystylus dedicados a las tesis. En términos generales, el uso de la inteligencia artificial generativa es un tema delicado con consecuencias insospechadas, grandes esperanzas e inevitables escollos.

“Académicos sin Fronteras” volverá sobre este tema porque si bien los avances tecnológicos son rápidos, no ocurre lo mismo con las reflexiones filosóficas y éticas sobre el uso de estas nuevas herramientas.

Robert Laurini

Editor Profesor emérito de informática
Picto

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