¿Y si Trump cortara Internet? Consecuencias para las universidades

En varias ocasiones, Trump ha amenazado con cortar Internet. Las consecuencias serían desastrosas para la economía mundial, el transporte, el turismo, el entretenimiento, etc. Recuerde que, para cada compra con tarjeta bancaria, se establece una interconexión con un servidor al otro lado del Atlántico.

En realidad, Internet fue diseñado como una red de redes, es decir, existen varios caminos entre dos ordenadores; lo que implica que solo se puede aislar una subred por un tiempo limitado, el tiempo que tarde en reconfigurarse las tablas de enrutamiento. ¡Es por lo tanto una “Trumpería” más, pero imaginemos que fuera posible!

¿Qué pasaría con las universidades si Internet se cortara totalmente? No más correos electrónicos internacionales, no más acceso a los servidores internacionales, no más videoconferencias, no más trabajo sincrónico a distancia con colegas, no más acceso a los recursos científicos internacionales, etc… En efecto, se trataría de un verdadero cambio de civilización académica. No es solo una herramienta lo que desaparecería, sino la propia infraestructura sobre la que se basa la producción de conocimiento, la circulación y la validación de los saberes. Examinemos rápidamente este escenario catastrófico sin pretender ser exhaustivo.

Enseñanza

La enseñanza volvería a ser principalmente presencial, ya que ya no habría acceso a las plataformas educativas (Moodle, Teams, ENT), ni entregas de tareas en línea, ni formaciones por videoconferencia, ni MOOC, etc. Los estudiantes perderían el acceso inmediato a la información: ya no habría acceso a los motores de búsqueda, ni a Wikipedia, ni a bases de datos; el aprendizaje se volvería más lento, (¿pero quizás más reflexivo?), más memorístico, menos asistido. En consecuencia, las desigualdades se acentuarían: solo los estudiantes cercanos a bibliotecas bien equipadas se verían beneficiados. En definitiva, esta evolución favorecería a las grandes universidades en detrimento de las pequeñas o de aquellas con bajo presupuesto. Una ventaja sería la mayor dificultad del plagio por copiar/pegar.

Los campus se convertirían en lugares aún más centrales, las bibliotecas universitarias se convertirían en santuarios del conocimiento; los intercambios entre estudiantes y docentes adquirirían una importancia enorme y las universidades deberían reforzar sus infraestructuras físicas: aulas, archivos, centros de documentación y deberían volver a los circuitos en papel: fotocopias, bibliografías impresas, anuncios en tableros de anuncios.

Ciertamente, algunas computadoras podrían funcionar localmente sin ninguna actualización de los programas de Microsoft, Apple, Google e incluso Ubuntu, sin mencionar las innumerables herramientas de inteligencia artificial. Una ventaja sería preocuparse menos por la circulación de virus y los ciberataques. En resumen, una seguridad local reforzada.

En definitiva, las universidades tendrán que reinventar la pedagogía, prever inversiones, lo que modificaría considerablemente el modelo económico de las universidades.

En otras palabras, la supresión de Internet conduciría a retomar métodos de enseñanza y modos de relación con los estudiantes similares a los practicados hace medio siglo, lo que podría ralentizar fuertemente el progreso y la innovación pedagógica.

Investigación

Sería la casi inmovilización de la colaboración mundial, ya que la ciencia moderna se basa en el intercambio sin fronteras y en compartir los resultados de manera casi instantánea. Sin red, el investigador se encuentra aislado de su comunidad.

Acceso a los datos: La mayoría de los investigadores almacenan sus datos (por ejemplo: secuenciación genética, astrofísica o sociología) en servidores remotos (la Nube). Sin conexión, el acceso a estas “materias primas” se interrumpe.

Fin de las publicaciones digitales: el acceso a las plataformas de publicaciones (fin del acceso abierto y de la ciencia abierta) desaparecería; los investigadores tendrían que volver a las bibliotecas físicas para consultar revistas en papel (si todavía se conservan) y regresar al correo en papel para solicitar a los autores fotocopias.

Reorganización de las colaboraciones entre investigadores: sería el fin de los intercambios constantes por correo electrónico y de las reuniones en línea. En consecuencia, aumentaría el número de viajes y reuniones presenciales.

Reorganización de las conferencias: nomás conferencias híbridas, presenciales y a distancia, sin olvidar la impresión y el envío de las llamadas a contribuciones y de los carteles, así como las reuniones físicas de los revisores. En consecuencia, se vería un aumento de las tarifas de inscripción a las conferencias. Por otro lado, las conferencias volverían a ser verdaderas oportunidades para encuentros entre investigadores y para la creación de colaboraciones.

Computación de alto rendimiento: los investigadores que usan supercomputadoras a distancia para simulaciones complejas (clima, física de partículas) verían sus trabajos interrumpidos.

¿Cómo cortar Internet? Cómo prepararse para situaciones críticas de acceso a Internet.

En la práctica, cortar la red de redes que es Internet es imposible por su propia construcción, ya que la redundancia de los caminos es importante, incluso si lo que se llaman los “backbones” de las grandes redes internacionales son limitados y susceptibles de ser atacados en caso de un conflicto mayor.

Carte des fibres optiques internationales d’Internet -> https://submarine-cable-map-2014.telegeography.com

Reacciones

Cabe señalar que el cierre del acceso a Internet solo para los ciudadanos estadounidenses debería desvincularse de la supresión mundial de Internet. Cortar internet para ciudadanos estadounidenses solo parece ser una opción al alcance de Trump. Invocando la seguridad del Estado, actuaría de forma igual que los chinos, iraníes, rusos, etc. Pero incluso en estos países, sigue existiendo un internet local. Un internet exclusivamente estadounidense permitiría a las universidades estadounidenses reservar una buena parte de la IA mundial para sí mismas. Pero, por supuesto, con la complicidad de los gigantes estadounidenses de Internet, podría entonces eliminar realmente Internet para los estadounidenses.

El corte de Internet mundial no parece estar dentro de las posibilidades de Trump, aunque puede reducir los flujos y complicar los intercambios con el resto del mundo. Pero la cuestión de la soberanía se plantea para las grandes regiones del mundo como Europa. África es más frágil con redes que la rodean. Pero en los tiempos que corren, es bueno reflexionar sobre todas las eventualidades posibles. ¡Nunca se sabe de qué estará hecho el mañana!

Bajo ciertos aspectos, se trataría de volver al funcionamiento de las universidades tal como era antes de la invención de Internet. Se volvería a una investigación más lenta y localizada. Sería el fin de las revistas electrónicas de acceso abierto y una lucha más importante por la aceptación de los artículos en las revistas impresas. Se asistiría entonces a un colapso de la productividad científica y una caída brusca de la producción mundial de conocimiento. Con consecuencias en la economía y la creación de start-ups.

Para la mayoría de los países, lo mínimo sería revisar su soberanía en materia de telecomunicaciones e informática, y que cada universidad o gran escuela analice las posibles consecuencias y prevea “planes B” como proxies de servicios a nivel nacional que no puedan ser afectados fácilmente por una falla de la red internacional.

Afortunadamente, frente a las amenazas de Trump, por un lado, cortar Internet técnicamente es muy complicado y prácticamente irrealizable, y por otro lado, intereses económicos poderosos se opondrían a tal enfoque; pero este escenario distópico muestra que realmente es necesario interesarse por la soberanía digital.

Robert Laurini

Editor Profesor emérito de informática
Picto

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